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Fray Vicente Velázquez (O. P., 1706-1773), autor de becerros, una vida dedicada a los archivos

Fray Vicente Velázquez (O. P., 1706-1773), autor de becerros, una vida dedicada a los archivos

Durante el estudio de varios libros becerros todos ellos datados en el siglo XVIII y en la provincia de Valladolid, nos topamos con una misma rubrica final en todos ellos. Un tal fray Vicente Velázquez redacta los prólogos a estos libros e informa del proceso que él mismo lleva a cabo para su cartularización. Nos interesamos por este personaje para descubrir en él a un avezado archivero pero también a un notable y experimentado productor de becerros. Fray Vicente Velázquez nace en Santa María la Real de Nieva (Segovia) el 19 de abril de 1706, en el seno de una familia de escribanos con varias generaciones de tradición. A continuación les ofrecemos una entrevista concedida en exclusiva.

Fray Vicente Velázquez (O. P., 1706-1773), autor de becerros, una vida dedicada a los archivos2014-11-23 -

Por Alicia Sánchez.

-Estimado fray Vicente, ¿podría decirnos de donde le viene a usted el gusanillo por los archivos y sus procesos técnicos?
- Aprendí con mis hermanos mayores el oficio de escribano. Con ellos, en la escribanía familiar, me instruí en todo lo referente a la confección documental. Fui buen estudiante en el convento de mi pueblo natal y me incorporaría al convento de San Pablo de Valladolid como novicio a los 17 años, en donde continué mi formación en todo aquello relacionado con la confección y conservación de documentación.

-Sin embargo, estuvo usted destinado en Peñafiel, ¿no es así?
-Sí, en 1732, me destinaron al convento de San Juan y San Pablo de Peñafiel. Allí residí 14 años y fui prior entre los años 1738 y 1744.

- Fue el archivo de ese convento el primero que organizó.
-Así es, a ratos ordenaba el archivo y debí hacerlo muy bien porque después de ordenar este me llamaron del convento de San Pablo para que volviera y lo ordenara también.

-Este sería el segundo archivo que clasifica y ordena.
-Sí, allí en San Pablo ya tenían un libro becerro desde el año 1545 del que se encargó el padre Diego de Merlo, pero desde entonces se habían producido muchos hechos que habían provocado el caos en el archivo, sobre todo la constitución del Patronato del Duque de Lerma sobre el convento. Así que, me puse manos a la obra, ordené y transcribí muchos documentos antiguos y puse en carpeta y armario otros muchos, dejando notas de cada asunto en su debido lugar, al igual que hice en Peñafiel. Además, el padre Tomás de Aróstegui andaba por entonces trabajando en San Pablo en su historia de la Orden de Predicadores así que me propuse facilitar su tarea de esta manera.

- Pero durante la ordenación de estos archivos también compuso usted varios becerros.
- Al terminar de ordenar el archivo de San Pablo, el prior de Peñafiel me reclamó de nuevo para rematar la obra con un libro becerro y así lo hice. Luego ya en 1753 partí para Sepúlveda en donde ordené el archivo del ayuntamiento.

-En estos años su fama de pulcro archivero, paleógrafo y latinista ya era conocida casi por toda castilla. ¿Cómo realiza sus trabajos fuera del ámbito conventual?
-Bueno, a este archivo dediqué mañana, tarde y noche. Durante los dos primeros meses aparté los papeles útiles de los inútiles y durante cinco meses más copié muchos documentos antiguos en letra moderna. Puse en carpetas y ordené números documentos. En siete meses el archivo quedó listo, con su becerro y todo. Además, dejé elaborado un abecedario de los privilegios, provisiones y ejecutorias y un índice que hoy ya ustedes no conservan. Lo que sí tienen aún son las notas y apuntaciones que tomé para la elaboración del becerro. La experiencia que adquirí en los archivos anteriores me facilitó enormemente el trabajo, sin embargo este era el primer becerro que elaboraba. Tuve el gusto por aquel entonces de conocer al padre Ibarreta y también al archivero del monasterio de Sacramenia que, en esas fechas, estaba igualmente confeccionado el tumbo de su monasterio.

-Hablando de eruditos, el profesor Emilio Sáez utilizó su becerro para la confección de la Colección diplomática de Sepúlveda y dijo entonces (palabras textuales): «La obra realizada por este religioso fue extraordinaria si consideramos el escaso tiempo de que dispuso… el P. Velázquez demostró, además de laboriosidad y talento, una consumada maestría paleográfica». ¿Puede explicarnos brevemente como era este becerro?
-Oh, bueno, no sería para tanto, agradezco sus palabras. El becerro es un libro en papel de 242 folios pero no todos fueron necesarios para trasladar la documentación relevante; dejé muchos en blanco para adicciones posteriores. Decidí iniciar el libro con una dedicatoria a la Virgen de la Peña, patrona de la ciudad y después dejé constancia de lo que es para mí un becerro, para qué y cómo debe usarse.

-Ese mismo año de 1754 ya le encontramos a usted en la Universidad de Valladolid poniendo orden en su archivo.
-Sí, pero el claustro de la universidad no terminaba de resolverse y, finalmente, pase de nuevo a Peñafiel para terminar el becerro. Después sí que finalmente entré de nuevo en el archivo de la universidad para encargarme del archivo general, del archivo de la secretaría, del claustro y de la conservaduría. Fue el propio rector, el doctor Villanueva, el que me recomendó para organizar el archivo de la ciudad, en el que también se encontraban papeles de la universidad.

-Pero, ¿en qué consistió exactamente su trabajo en la universidad?
- Elaboré varios repertorios de los documentos del archivo y ordené al mismo tiempo los documentos. Primero realicé el repertorio de las matrículas de pleitos y después el de la secretaría. El inventario completo lo terminé en marzo de 1757 y, con ello, quedó organizada toda la documentación referente a la vida y gobierno de la universidad desde su fundación hasta ese momento. Después redacté un abecedario de todos los instrumentos que existían en la pieza segunda del archivo, otro de matrícula de los pleitos seguidos ante el rector y, por último, el libro becerro. Además y al mismo tiempo, transcribí todas las bulas pontificias, privilegios reales y otras escrituras de difícil lectura. Terminé en noviembre de 1757. Entonces fue cuando fueron corregidos y autenticados todos estos instrumentos por los escribanos reales y notarios apostólicos. Los documentos escritos en latín se corrigieron, comprobaron y autorizaron por el presbítero y capellán de la catedral y los privilegios reales por don Gregorio Xavara del Castillo, secretario de la universidad.

-Puede decirme cuánto cobró por este trabajo, ¿si no es indiscreción?
-Creo recordar que fueron 200 ducados los que cobré por los dos años de trabajo, unos 6.600 reales, dietas aparte, pues cobraba además cuatro reales y medio diarios para comida y manutención. Los escribanos de los instrumentos, que fueron Francisco Gallego de Ribas y fray Santiago Iturriaga, cobraron 592 reales, 400 el primero y 192 el segundo, real y medio por hoja de escritura y, el encuadernador, Miguel Cepeda, cobro 98 reales, en los que se incluye el papel de excelente calidad francés, el cordobán, tafilete y las manillas. He de decir que en aquel archivo conté con la ayuda de mi sobrino, igualmente avezado en tareas de escribanía.

-¿Cuándo confeccionó entonces los becerros de San Pablo de Valladolid y San Juan y San Pablo de Peñafiel?
-En 1767 terminé el de San Pablo, y lo hice de la misma manera que el anterior. Preparé el abecedario por asuntos y un índice. El convento aún conserva los apuntes que redacté para ello, lo que sería el esquema del becerro. Este becerro se conserva hoy en el moderno Archivo Histórico Nacional con sus 1224 páginas. El año siguiente terminé el de San Juan y San Pablo de Peñafiel que también se conserva en el mismo archivo y comencé a ordenar el archivo del Colegio de San Gregorio de Valladolid y a componer su becerro.

-En ese mismo año de 1768 comienza a ordenar también el archivo de la catedral, ¿no es así? Demasiado trabajo.
-No exactamente, en ese año se propone organizarlo y me llaman para ello, pero no acababan de decidirse; no comienzo el trabajo hasta después de Pascua. Tuve muchos problemas, sobre todo a la hora de formar los materiales preparatorios para escribir el becerro, pues no gozaba de la libertad con la que había contado hasta ahora. El becerro se terminó en 1769.

-Ahora ha vuelto a su lugar natal, al convento de Soterraña, después de una vida consagrada a los archivos y los documentos, ¿da por terminada su obra, fray Vicente?
-Oh, no no. Aquí, la vida es más calmada y contemplativa, pero estoy arreglando también el archivo y casi está terminado el séptimo y último de los becerros.

-Muchas gracias por atendernos, ha sido un placer hablar con usted.

Queridos amigos, he aquí un archivero de cuño, un hacedor de becerros, un ilustrado, diplomatista, paleógrafo, a quien hemos tenido el gusto de conocer.

Entrevista inspirada y basada en la excelente investigación preparada para el discurso de entrada en la Real Academia de Bellas Artes de Valladolid de doña María de la Soterraña Martín Postigo, leído el 7 de mayo de 1982.

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Sobre el Tumbo A de la Catedral de Sevilla

Sobre el Tumbo A de la Catedral de Sevilla

Ya se encuentra en las librerías las Actas de las X Jornadas de la Sociedad Española de Ciencias y Técnicas Historiográficas que bajo el título Lugares de Escritura: La catedral, se celebraron en Valladolid en junio de 2012

Sobre el Tumbo A de la Catedral de Sevilla2014-11-09 -

Por Alicia Sánchez.

En ellas encontramos trabajos e investigaciones de índole paleográfica, diplomática, epigráfica, numismática, codicológica o archivística, entre las que nos gustaría destacar la comunicación relativa al valor archivístico y diplomático del Tumbo A de la catedral de Sevilla defendido por Diego Belmonte Fernández y el estudio de los libros de regla como instrumentos de gestión económico del  cabildo catedralicio ovetense presentado por Néstor Vigil Montes.

En aquel, titulado La memoria institucional de la Iglesia de Sevilla: El tumbo de la catedral, encontramos un completo análisis del Tumbo A de Sevilla, su origen y motivaciones de confección, su forma de cartularización, un estudio codicológico y de las tipologías documentales que contiene, todo ello ilustrado con imágenes del tumbo. Dejamos a continuación una introducción del propio autor del trabajo que se presenta:

«El tumbo A del Archivo Catedral de Sevilla es un cartulario en el que se copiaron 53 documentos concedidos a la Catedral y al arzobispado de Sevilla desde su restauración, después de la conquista de Fernando III, hasta el año 1285, fecha en que se data el más tardío de los documentos trasladados. De estos, 32 fueron concesiones hechas directamente a Sevilla por parte de los monarcas anteriores, desde Alfonso VI a Alfonso X, habían realizado a la Catedral de Toledo. Un privilegio rodado de Alfonso X concedía a Sevilla todos esos privilegios que antes hubiera recibido Toledo, por lo que hasta allí se desplazaron unos delegados de la sede hispalense que realizarían unos traslados certificados que servirían de base sobre la que realizar el libro. Además de estos, entre los documentos que se concedieron antes a Toledo figuran también las Ordenanzas para el Concejo de la ciudad, que se incorporan tras el conjunto de privilegios en el mismo códice, y las denominadas Constituciones de don Remondo, verdadero organizador de la Iglesia en la ciudad de Sevilla, fechadas en 1261 y cuyos originales no se conservan, siendo esta la copia más cercana en el tiempo a los mismos.

Junto al Tumbo A se conserva el denominado Tumbo B, un códice de características muy similares al anterior, pero elaborado unos años después y, pensamos, con una función diferente. Si bien aludiremos a este otro cartulario a lo largo de  nuestro trabajo, nuestro objeto central de estudio será siempre el Tumbo A, primero en el tiempo y original en su función. Del estudio del Tumbo B nos surge una pregunta evidente: ¿por qué copiar un segundo cartulario exactamente igual que el primero y sin ninguna adición documental? Más adelante intentaremos dar respuesta a este interrogante.

Si bien no conocemos con exactitud la fecha exacta de su confección, Del Camino Martínez lo sitúa cronológicamente a finales del siglo XIII. Por su parte, el denominado Tumbo B, debe situarse unos años más tarde, a principios del XIV. (…)

En este trabajo, hemos realizado una valoración del cartulario en sí mismo. Partiendo del estudio tanto de su continente como de su contenido, se ha intentado responder a una serie de preguntas; sobre todo a por qué y para qué fue creado. Cuáles fueron las verdaderas motivaciones que llevaron a la institución a crear el cartulario, yendo más allá del concepto copia de seguridad, aunque tengamos en cuenta que la conservación de los documentos fuera siempre una de las causas primarias de su redacción. De esa manera, se averiguará cuál fue la función para la que se creó, qué pretendía conseguir la institución creando un códice diplomático de semejantes características y no de otras.»

Belmonte Fernández, Diego. La memoria institucional de la iglesia de Sevilla: El tumbo A de la Catedral. En: Francisco Javier Molina de la Torre, Irene Ruiz Albi y Marta Herrero de la Fuente, eds. Lugares de escritura: La catedral. X Jornadas de la Sociedad Española de Ciencias y Técnicas Historiográficas. Valladolid: Universidad de Valladolid, 2014, pp. 213-242.

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Metodologías de investigación para cartularios medievales

Metodologías de investigación para cartularios medievales

Reflexiones metodológicas para el estudio de los códices diplomáticos y su aplicación al Tumbo Viejo de la Catedral de Lugo

Metodologías de investigación para cartularios medievales2012-11-04 -

Por Alicia Sánchez.

Alfonso Sánchez Mairena publica un nuevo artículo derivado de sus investigaciones sobre el Tumbo Viejo de la Catedral de Lugo, códice diplomático del s. XIII. En boca del autor:

Ofrece una propuesta metodológica articulada en indicadores para el estudio de los cartularios medievales extraída de nuestra experiencia en el estudio del cartulario de la catedral de Lugo (siglo XIII), conocido como Tumbo Viejo.

La propuesta se compone de tres grandes áreas. La primera dedicada al marco teórico-metodológico de la investigación. El segundo relativo al análisis integrado de los elementos codicológicos, paleográficos y diplomáticos, visto el cartulario desde el punto de vista de una tecnología de la escritura medieval. El tercero ofrece una serie de indicadores de estudio sobre determinados elementos que singularizan al cartulario frente a otros códices medievales.

Ref.: Metodología para la investigación de los cartularios medievales: una experiencia a partir del estudio del Tumbo Viejo de la Catedral de Lugo (siglo XIII) / Alfonso Sánchez Mairena. En: Rafel Marín López, coord. Homenaje al Profesor Dr. D. José Ignacio Fernández de Viana y Vieites. Granada: Universidad de Granada, 2012, pp. 533-548
Podemos encontrar más información de este estudio en el blog de autor Cartularios Medievales

Texto completo del artículo aquí.

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Los Becerros a estudio

Los Becerros a estudio

Nueva investigación generalista sobre un tipo muy concreto de Códice Diplomático: los Becerros

Los Becerros a estudio2011-11-09 -

Por Alicia Sánchez.

Hace unos días comunicábamos en nuestra sección de noticias la aparición de una nueva publicación monográfica coordinada y dirigida por el profesor Manuel Salamanca López: La materialidad escrita. Nuevos enfoques para su interpretación. (Oviedo: Instituto de Estudios para la Paz y la Cooperación, 2011) (Leer noticia aquí)

En uno de sus capítulos se recoge un estudio sobre un tipo particular de códice diplomático, el Becerro, a través de una muestra significativa de los mismos. Se estudia el concepto y denominación de estos códices así como su estructura interna, formas de cartularización y función originaria. Para ello se aplican metodologías no sólo derivadas del tradicional método histórico sino también aquellas propias de la documentación y la programación informática (tecnologías 2.0 y bases de datos) para ofrecer conclusiones generalista y vislumbrar la vinculación presente entre dichos conceptos.

Recogemos AQUÍ el texto completo de esta investigación por la afinidad que guarda con la temática de este portal, esperando sea del interés de nuestros internautas.

Alicia Sánchez Díez. Los códices diplomáticos llamados Becerros. Notas sobre su denominación, estructura y función. En: Manuel Joaquín Salamanca López. La materialidad escrita. Nuevos enfoques para su interpretación. Oviedo: Instituto de Estudios para la Paz y la Cooperación, 2011, pp. 337-416.

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Nuevas aportaciones al estudio de los códices diplomáticos

Nuevas aportaciones al estudio de los códices diplomáticos

Nuevas investigaciones en las Universidades de Alcalá de Henares y Complutense de Madrid, relacionadas con el mundo de la cartulariología y los códices diplomáticos.

Nuevas aportaciones al estudio de los códices diplomáticos2011-01-27 -

Por Alicia Sánchez.

Recientemente han sido presentadas dos nuevas investigaciones en las Universidades de Alcalá de Henares y Complutense de Madrid, relacionadas con el mundo de la cartulariología y los códices diplomáticos.

La primera de ellas se enmarca en el programa de doctorado "Hombre y Pensamiento en la Historia", de la universidad alcalaína. Bajo el título: EL CARTULARIO DE LA CATEDRAL DE LUGO. LA MEMORIA ESCRITA COMO ARMA JURÍDICA EN EL SIGLO XIII, fue presentada por D. Alfonso Sánchez Mairena y codirigida por las Profas. Concepción Mendo Carmona y María del Val González de la Peña, en Septiembre de 2010.

Según el propio autor de la obra:
La investigación se materializa en dos volúmenes, uno dedicado al estudio del cartulario, y un segundo que ofrece el regesto de cada documento, complementado con un aparato crítico, junto a la bibliografía usada. El apéndice documental respeta el orden de los documentos dentro de la compilación originaria del cartulario - que es uno de los grandes tesoros que nos ofrece cualquier cartulario medieval, y que en las ediciones tradicionales se ha solido perder, sustituida por la categórica y estricta ordenación cronológica, desvirtuándose en muchos casos la lógica del proyecto de cartularización por sus compiladores medievales -, al mismo tiempo que ofrecemos su equivalencia en una tabla ordenada cronológicamente de los 144 documentos cartularizados en el siglo XIII.

Todos los documentos compilados están escritos en lengua latina según los modelos y originales a partir de los que se hicieron las tareas de transcripción; y fueron transcritos en escritura de la variedad gótica libraria textual, propia de la transición de los siglos XII al XIII. El arco cronológico de la información documentada en el cartulario abarca el amplio arco cronológico que va desde el siglo VII a 1230, es decir, una memoria escrita de la Iglesia lucense de unos seis siglos.

Nuestro estudio se estructura en tres grandes bloques. En el primero abordamos las cuestiones sobre el marco teórico y científico de la investigación, tratando sobre el objeto, fin y método, así como sobre las líneas de investigación sobre cartularios en España y sobre el "Tumbo Viejo", en particular. Parte de este trabajo lo vamos a publicar en diferentes misceláneas de estudios que tendrán lugar próximamente.

El segundo bloque se elabora desde la perspectiva de la "tecnología medieval" que se empleaba en la formación de los cartularios, concretamente, centrados en el enfoque de la lectura y la transcripción de los documentos en el Tumbo Viejo lucense. Así, abordamos la historia y la descripción material del códice, en primer lugar, para seguir analizando los aspectos codicológicos o técnicas librarias usados en la elaboración material del soporte documental sobre el que se cartularizaron los documentos. Seguidamente, tratamos acerca de los aspectos paleográficos, sobre el hecho de las operaciones de compilación y sobre la transcripción de los documentos. El análisis codicológico y el estudio paleográfico nos han servido para evidenciar la actuación de un clérigo litteratus, formado probablemente en la escuela catedralilcia lucense, el presbítero Iohannes Petri, un clérigo del coro catedralicio que vivió durante la mayor parte del siglo XIII.

También hemos abordado los aspectos diplomáticos del cartulario, donde se nos ha planteado la duda razonable de no comprender a los cartularios medievales como meras copias, sino que su estudio en profundidad, como en nuestro caso, nos indicaría que el cartulario sería más bien un documento complejo en sí mismo, dotado de validez y posiblemente hasta de fe pública. Como documento complejo, el Tumbo Viejo parece que fue concebido y sirvió fundamentalmente como un instrumento jurídico para la defensa de los derechos y privilegios que sustentaban el señorío eclesiástico lucense, que se vieron puestos en duda ante la Curia regia del joven Fernando III de Castilla y León en el momento de acceder al trono leonés en 1230. Seguidamente nos planteamos el uso y las lecturas del cartulario a partir del estudio de las notas y glosas marginales del manuscrito, a partir de la que hemos planteando una probable lectura jurídica del cartulario lucense en un momento concreto del medievo.

En el tercer bloque, hemos entrado de lleno en el contexto histórico, en el uso y la función del tumbo en el momento de su concepción y de su creación. Hemos comenzado ubicando al tumbo en el contexto del origen de los cartularios hispanos y dentro de las tipologías cartularísticas. Luego pasamos a estudiar la estructura interna, donde sale de manifiesto el tema de la selección de documentos a partir del archivo de la Iglesia lucense, y los criterios de ordenación y clasificación interna del tumbo, ofreciendo un esquema de base orgnánico funcional sobre las agrupaciones documentales que articulan el Tumbo Viejo lucense. Seguimos con el análisis de las causas y el contexto histórico de la compilación del cartulario en el marco del cuestionamiento del señorío temporal de la Iglesia lucense por parte de los burgueses del concejo de Lugo. También abordamos la figura del autor material y su entorno personal, los modelos y prácticas de cartularizacion que pudieron influir en la compilación del tumbo, sobre el lugar de trabajo -la frontera entre el Scriptorium y la cancillería eclesiástica lucense-, y, finalmente, abordamos la relación entre el cartulario y el archivo de la Iglesia lucense.

Hemos intentado acercarnos al hecho del cartulario, a las razones y al contexto de su compilación; es decir, comprenderlo más allá de la mera descripción documental y sin tener como objetivo principal la edición de los documentos; labores que se emprenderán en otro momento.




En estos momentos se está preparando la edición del mismo.
Desde Códices Diplomáticos Hispánicos agradecemos y felicitamos al autor su monumental y arriesgada labor para con los cartularios, deseando una pronta edición de este códice lucense y su estudio, así como una larga vida a la excelentemente nutrida y crítica bitácora que gestiona.

La segunda investigación propuesta se expone en el Departamento de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad Complutense de Madrid, dirigida por la Profa. Concepción Mendo Carmona, bajo el título: LOS LIBROS LLAMADOS BECERROS. ESTUDIO INTRODUCTORIO.

En ella se propone profundizar en el estudio de un tipo concreto de códice diplomático, el Becerro, aclarando el concepto y definición del mismo, su estructura interna y la función para la cual fue creado.
Para ello, se cuenta con una herramienta creada ex profeso, una potente base de datos que va a permitir describir una muestra de becerros seleccionada aplicando estándares y normativas archivísticas de descripción documental, adaptadas al objeto de estudio, permitiendo así parangonar con facilidad los códices y analizar su organización interna, los procesos de cartularización llevados a cabo sobre el mismo, la génesis documental de los manuscritos, sus usos, etc.

Igualmente, los resultados de esta investigación serán publicados, por la misma que suscribe estas líneas, en breve.

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